martes, 24 de mayo de 2016


 

Sin negociaciones de paz

A la capitulación de las potencias del Eje siguió la ocupación militar. No hubo negociaciones de paz, pero sí conferencias entre los aliados para repartirse la victoria, así como para definir sus relaciones posteriores y el futuro marco internacional. Hubo cambios en el mapa de Europa y más de 20 millones de desplazados, por la modificación de las fronteras y la expulsión de minorías étnicas. La guerra apuntaló a Estados Unidos como principal potencia, tras su papel económico durante la misma y el debilitamiento de los europeos. También provocó la emergencia de la URSS, que lideró un bloque de estados comunistas y con ello llegó la Guerra Fría, al aflorar las disensiones entre quienes habían colaborado en la contienda. 

La Primera Guerra Mundial no pareció resolver ningún problema, pero esto no sucedió después de 1945. Los nuevos conflictos serían ya distintos a los que se habían dirimido en la contienda. Tras los enormes costos de la guerra -la mayor catástrofe humanitaria de la Historia-, se producía la estabilización política de Europa y se extendían en Occidente las democracias.

Invasión de la Unión Soviética





El 22 de junio de 1941, Alemania invadió la Unión Soviética, su mayor error. Hitler y los mandos militares pensaban que sería una campaña breve que decidiría la guerra. Los alemanes ocuparon un gran territorio, pero sin ninguna victoria decisiva y con apuros invernales. Tras la primera paralización de Stalin, Rusia organizó un ejército llamando a la "guerra patriótica", justificada por la brutalidad del invasor. La guerra, hasta entonces europea, se mundializó tras el ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. El país nipón, con un régimen militarista y autoritario, desarrollaba una guerra imperialista en el sudeste asiático. Los japoneses creían que su expansión les exigía el control naval del Pacífico y que esto conduciría a la guerra con Estados Unidos, por lo que atacaron Pearl Harbor para destruir parte de la Armada norteamericana y que ésta no pudiera reaccionar. 

Fue entonces cuando Estados Unidos se movilizó plenamente. Los aislacionistas respecto a Europa desaparecieron, pues Hitler se apresuró a declarar la guerra a Estados Unidos, otra decisión incomprensible. Con el pleno enfrentamiento entre dos grandes bloques, todo dependía ahora de los recursos humanos y materiales y en este caso la ventaja correspondía a los aliados, que tenían mayor población. Además, estaba la enorme capacidad productiva de los Estados Unidos, un territorio fuera del alcance de las armas enemigas. Desde 1942, las victorias fueron de los aliados: la expulsión de alemanes e italianos del norte de África, la victoria soviética en Stalingrado en la primavera de 1943, el desembarco aliado en Sicilia y su lenta penetración en Italia... En junio de 1944 tuvo lugar el desembarco de Normandía. A Alemania le llegaba la temida guerra en dos frentes. Su defensa fue tenaz; era la de una sociedad militarizada convencida de que se jugaba su supervivencia. Los avances de los aliados fueron lentos pero imparables y en la primavera de 1945, las tropas soviéticas llegaban a Berlín. Tras el suicidio de Hitler el 30 de abril, el 9 de mayo tuvo lugar la rendición incondicional de Alemania.

En el Pacífico seguía la penetración norteamericana hacia Japón, que fue una guerra costosísima en vidas humanas. Los japoneses defendían cada isla hasta el final y los kamikazes buscaban compensar la debilidad naval lanzándose contra los portaaviones americanos. Había comenzado el bombardeo estratégico de Japón cuando el presidente Truman ordenó lanzar la bomba atómica, que destruyó Hiroshima y Nagasaki (6 y 9 de agosto). El 14 de agosto de 1945 Japón se rindió incondicionalmente.


El Tratado de Versalles

Cerró mal las heridas de la Gran Guerra y creó en Europa el caldo de cultivo para los totalitarismos, pero no se le puede achacar el comienzo de la tragedia. Sí a quienes en tal contexto levantaron unos agre sivos idearios que querían eliminar pueblos, desplazarlos o esclavizarlos. En el Pacífico, el expansionismo militarista de Japón -de índole distinta al nazismo pero de su misma filiación- fue el origen de esta parte de la guerra. Así, los sucesos europeos y orientales confluyeron en la conflagración mundial. Se ha discutido mucho si Inglaterra, Francia y Estados Unidos hicieron lo posible por evitar la contienda. La respuesta es negativa: no desarrollaron la política que hubiese esquivado la guerra. No apreciaron la agresividad implícita en la política nazi y cedieron cuando no tenían que hacerlo. Pero no evaluar el peligro de lo que estaba enfrente -con ser políticamente grave- es distinto a ostentar la culpabilidad por el estallido del conflicto. Eso sí: en el pacto de Munich no atisbaron que el nazismo se les iba de las manos. Lo creían apaciguado y siguieron inactivos tras la ocupación alemana de Praga... La guerra estalló por la agresividad de las potencias del Eje, en particular de Alemania tras el ascenso nazi. Adolf Hitler sostenía un programa racista y expansivo. En Mein Kampfescribió: "Alemania tiene que ser una potencia mundial o no habrá Alemania". Este dramatismo esencialista lo envolvió todo. "Tengo que elegir entre la victoria y la destrucción. Está en juego [...] el ser o no ser de una nación", concretaba mesiánico en 1939, ya en guerra.

Pese a la ferocidad de su discurso, durante los años anteriores muchos pensaron que era mera retórica para el consumo interior. Pero Hitler hablaba en serio. Su personalidad resulta clave en el desencadenamiento y desarrollo de la contienda. Era un tipo vulgar, de cultura mediocre, sin dotes destacables a no ser su capacidad demagógica. La excepcionalidad histórica reside en que un sujeto así alcanzase el poder que provocó la tragedia. Su discurso expresó los resentimientos que abundaban en la Alemania de Weimar, construyó un partido de matones y conquistó un poder absoluto. La violencia y el terror ocupaban un lugar prioritario en su política, así como el desprecio a criterios morales, legales y éticos. A diferencia de otros dictadores, no se contentó con disfrutar el poder, sino que siguió un programa compulsivo. En la política y en la guerra, Hitler mantuvo las mismas pautas: decisiones arriesgadas, sostenimiento de la tensión, progresiva creencia en su infalibilidad y ausencia de escrúpulos humanitarios. 

60 años de la victoria aliada

El 6 de junio de 2004 se reunían en Normandía los dirigentes de las potencias vencedoras, de sus actuales aliados y hasta los de los vencidos, en el aniversario del desembarco. Conmemoraban los 60 años de la victoria aliada. Es el acontecimiento fundacional de nuestra época, una larga etapa de paz y asentamiento democrático, pese a sus déficits. Ninguna conflagración general ha azotado Europa desde entonces, el periodo más largo en siglos. Hacia 1939, la democracia estaba circunscrita apenas a media docena de países. Después de la II Guerra Mundial se convirtió en el régimen de la Europa occidental. Llegaron nuevas alianzas, un sistema internacional presidido por la ONU, el desprestigio de los fascismos y el triunfo de una economía liberal sin intervencionismos totalitarios. Resulta verosímil que en 2014 se siga celebrando el nacimiento del periodo histórico que vivimos. Identificar las causas de la I Guerra Mundial hizo correr ríos de tinta, por la gestación colectiva de un complejo sistema de equilibrios internacionales, pero apenas ha habido discusiones sobre el origen de la conflagración que comenzó en 1939. La provocaron las potencias del Eje: Alemania, Italia y Japón.
La invasión aliada de Italia
La expulsión del Eje del norte de África planteó inmediatamente la posibilidad de la apertura de un nuevo frente en Europa. Un frente por el que Stalin venía clamando para aligerar la presión que sufría el ejército soviético en el frente oriental.
En julio de 1943 tropas angloamericanas desembarcan en Sicilia. La proximidad de la amenaza aliada, unida a los continuos fracasos de los ejércitos italianos propiciaron  que parte de la cúpula del estado decidiera deshacerse de Mussolini.
Tras la entrevista que Hitler y Mussolini celebraron el 19 de julio en la que el Führer le aconsejo al Duce renunciar al sur de Italia y replegarse al cento y sur de la península, el 25 de julio el Gran Consejo Fascista  votó contra el Duce quien se vio obligado a renunciar a sus poderes. Al día siguiente, el rey Victor Manuel III ordenó el arresto de Mussolini y encargó formar gobierno al generalPietro Badoglio, quien, pese a proclamar su fidelidad a la alianza con Alemania, inició inmediatamente negociaciones con los Aliados.
A principios de septiembre los acontecimientos se precipitaron. Los Aliados desembarcaron en el sur de la península y el gobierno deBadoglio firmó el armisticio el 8 de septiembre. La reacción alemana fue fulminante: tropas del Reich ocuparon el norte y el centro del país, estableciendo una línea de defensa al norte de Nápoles. El 12 de septiembre, Mussolini fue liberado y estableció en la zona ocupada por los nazis la denominada República Social Italiana, gobierno fascista que siguió las directrices de Berlín.
Italia quedaba así dividida en dos: al sur, las tropas aliadas que con muchas dificultades iniciaron la conquista del país; en el norte y el centro, las tropas alemanas con la colaboración de fascistas italianos que tenían que hacer frente a una creciente resistencia interior comandada por los comunistas.
Superando una resistencia muy dura que tuvo momentos de enorme intensidad como en la batalla de Monte Cassino, los ejércitos angloamericanos liberaron Roma el 4 de junio de 1944. Sin embargo, la última línea de defensa en los Apeninos, la "Línea Gótica", resistió hasta abril de 1945, poco antes de la derrota definitiva del Eje en Europa.
El 28 de abril de 1945, Mussolini, que trataba de huir hacia Alemania, fue capturado por guerrilleros antifascistas y fusilado.
El avance soviético en el frente oriental
El contraataque ruso iniciado tras Stalingrado tuvo que hacer frente en julio de 1943 a la último ofensiva alemana. La batalla de Kursk hizo que la iniciativa estratégica pasara definitivamente a manos de las tropas soviéticas.
El año 1944 estuvo jalonado de continuos éxitos del Ejército Rojo que llegó a las antiguas fronteras de la URSS en la primavera de ese año.
A lo largo del otoño-invierno de 1944, los antiguos aliados del Eje: Finlandia, Rumanía, Bulgaria, Hungría son ocupados por las tropas soviéticas. En Yugoslavia y Albania, los guerrilleros comunistas dirigidos por Tito y Enver Hoxha, respectivamente, liberan sus países de la ocupación germano-italiana y establecen sistemas pro-soviéticos.
En Grecia, la retirada alemana en agosto de 1944 abre un período de guerra civil entre guerrilleros comunistas y tropas monárquicas apoyadas por la intervención militar británica. Grecia era un buen ejemplo del enfrentamiento entre los Aliados que vendría tras la derrota del Eje.
La Segunda Guerra Mundial 
En la II Guerra Mundial, todas las naciones implicadas combatieron hasta el final. No pensaron nunca en un armisticio como el que puso fin a la de 1914-1918. No cabían paces parciales. Fue todo o nada: ideologías buscando la aniquilación de las otras, sistemas sociales y económicos que se jugaban su supervivencia, naciones que si perdían quedaban esclavizadas o destruidas. No sólo era una cuestión de dominio político.

Las movilizaciones fueron masivas, sin deserciones como las de la Gran Guerra. Hubo no menos de 100 millones de combatientes. La cifra, sin parangón histórico, ni siquiera refleja la magnitud humana de la tragedia: la población civil se vio absolutamente implicada, con su contribución en sangre, desplazamientos a gran escala, miedos y temores. Se llegó a la guerra total. Los bloques se enfrentaron con todos sus efectivos económicos y sociales y una capacidad destructiva desconocida. Los costes humanos fueron brutales. Unos 16 millones de combatientes murieron o desaparecieron. A esto se añadieron además enormes mortandades en la población civil. Uno de los bandos contendientes -sobre todo la Alemania nazi- llevó a cabo la persecución sistemática de grupos étnicos, religiosos e ideológicos. No fue un daño colateral, sino uno de los objetivos primordiales de la guerra. En el Holocausto, quizá cinco millones y medio de judíos fueron asesinados en el mayor genocidio del que tenemos noticia.

Y estuvieron los discrepantes con el régimen nazi, también perseguidos, los deficientes o los cientos de miles exterminados en los territorios conquistados sin razones específicas, por enemigos o porque su destino era convertirse en una raza esclava. Las cifras desbordan la capacidad de asimilación: unos tres millones de soldados rusos fueron aniquilados en los campos de concentración alemanes; en el sitio de Leningrado murió por debilidad y hambre quizás un millón de personas. Cientos de miles fueron abatidas en los bombardeos aéreos, que realizaron los dos bandos con el objetivo (no logrado) de derrumbar la moral del enemigo. Sólo en el de Dresde (Alemania) -realizado por los aliados- murieron unas 200.000 personas en una noche. Y está el colofón: la bomba atómica?