martes, 24 de mayo de 2016


LA GUERRA TOTAL 

La guerra total es un término del siglo XX que describe a una guerra en la que los países o las naciones movilizan y fuerzan hasta el límite todos susrecursos disponibles, ya sean humanos, militares, industriales, agrícolas, naturales, tecnológicos, científicos, o de cualquier otro tipo, para destruir totalmente la capacidad de otro país o nación de entablar una guerra. La práctica de la guerra total se ha utilizado durante siglos, pero no fue hasta mediados del siglo XIX que se reconoció que la guerra total era una forma distinta de hacer la guerra.



El concepto de guerra total se suele atribuir a Carl von Clausewitz, pero en realidad Clausewitz estaba interesado en el concepto filosófico relacionado deguerra absoluta, una guerra libre de cualquier restricción política, algo que Clausewitz consideraba imposible. Los dos términos, guerra absoluta y guerra total, suelen confundirse. Christopher Bassford, profesor de estrategia en elNational War College, describe la diferencia así: «También es importante tener en cuenta que el concepto de Clausewitz de guerra absoluta es bastante distinto del posterior concepto de "guerra total". La guerra total fue una prescripción de la forma de hacer guerra tipificada por las ideas del generalErich Ludendorff, que tomó el control del esfuerzo bélico alemán durante laPrimera Guerra Mundial. En este sentido, la guerra total suponía la completa subordinación de la política a la guerra—una idea que Clausewitz rechazaba tajantemente—y la asunción de que la victoria total o la derrota total eran las únicas opciones. La guerra total no implicaba la suspensión de los efectos del tiempo y el espacio, como lo hacía el concepto de guerra absoluta de Clausewitz».
Goebbels convenció a Hitler de llegar a esos extremos. En 1943, en un discurso en el Palacio de los Deportes de Berlín, dijo: «Te pregunto: ¿Quieres una guerra total? Y si fuera necesario, ¿quieres una guerra aún más total y radical que cualquier cosa que podamos imaginar hoy en día?».

En la II Guerra Mundial, todas las naciones implicadas combatieron hasta el final. No pensaron nunca en un armisticio como el que puso fin a la de 1914-1918. No cabían paces parciales. Fue todo o nada: ideologías buscando la aniquilación de las otras, sistemas sociales y económicos que se jugaban su supervivencia, naciones que si perdían quedaban esclavizadas o destruidas. No sólo era una cuestión de dominio político.

Las movilizaciones fueron masivas, sin deserciones como las de la Gran Guerra. Hubo no menos de 100 millones de combatientes. La cifra, sin parangón histórico, ni siquiera refleja la magnitud humana de la tragedia: la población civil se vio absolutamente implicada, con su contribución en sangre, desplazamientos a gran escala, miedos y temores. Se llegó a la guerra total. Los bloques se enfrentaron con todos sus efectivos económicos y sociales y una capacidad destructiva desconocida. Los costes humanos fueron brutales. Unos 16 millones de combatientes murieron o desaparecieron. A esto se añadieron además enormes mortandades en la población civil. Uno de los bandos contendientes -sobre todo la Alemania nazi- llevó a cabo la persecución sistemática de grupos étnicos, religiosos e ideológicos. No fue un daño colateral, sino uno de los objetivos primordiales de la guerra. En el Holocausto, quizá cinco millones y medio de judíos fueron asesinados en el mayor genocidio del que tenemos noticia.


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